NETSUKE


Un pequeño objeto, nacido de una necesidad cotidiana, ha llegado a ser una delicada obra de arte que ha conocido enormes variedades y elevados precios.

Las modas del vestir crean una serie de complementos imprescindibles que con el tiempo pasan a ser elementos destacados de la propia moda. Eso ocurrió un Japón en un amplio periodo que llegó hasta la occidentalización de su forma de vestir.

El sencillo hecho de que nadie diseñara en su tradicional vestido, tanto masculino como femenino, ni un solo bolsillo, dio lugar a que la necesidad de portar objetos necesarios creara una serie de elementos, que pronto transcendieron de su función de necesidad para pasar a ser elementos de ornato de gran valor artístico.

El Netsuke es el principal de estos elementos, aunque no sea el único, dado que también el denominado Inro alcanzó unos niveles destacados de perfección. Pero conviene en primer lugar definir qué son estos objetos y cuál fue su función. Ante la ya citada ausencia de bolsillos, el japonés debía llevar los objetos necesarios para su vivir diario, tanto para su ocio como para su negocio, en una o varias bolsas, denominadas globalmente Sagemonos pero que tienen diversas formas y denominaciones según su función. El Sagemono, que significa 'objeto suspendido', surgió en el siglo XV y presenta diversas formas y clases, de las que la más frecuente e importante es el Inro, una especie de caja plana formada por diversos compartimentos utilizada para llevar medicamentos, hierbas, sellos y pequeños objetos personales y colgaban suspendidos por un cordón de seda unido al Netsuke. Para no verse sometido al engorro de llevarlas en las manos, decidieron colgarlas de la faja de tela, llamada Obi, que hacía las veces de cinturón. Para que ésta quedara firmemente colgada sin necesidad de atarla crearon una especie de pasador con el suficiente volumen como para que no se cayera del Obi. Resumiendo, la bolsa o Sagemono llevaba un cordón y al final de éste se colocaba el Netsuke que ejercía de tope para que la bolsa quedara colgando del Obi. Netsuke, por tanto, designa a los pequeños objetos que, por medio de un cordón, van sujetos al Obi, sujetando por el otro extremo una bolsa o Inro.

Cuando a finales del siglo XV y principios del XVI se inicia esta moda, el elemento citado era simplemente un pequeño trozo de madera anudado al final del cordón. Pero durante el transcurso del siglo XVIII se inicia la sofisticación de dicho elemento que va adquiriendo variadas formas y es realizado con diversas materias. Esa variedad de elementos decorativos va adquiriendo diversos nombres que se agrupan, todos ellos, bajo el epígrafe de Netsuke.

Los materiales empleados para la realización de los Netsukes son igualmente muy diversos, aunque destacan los realizados en marfil (de elefante, de morsa, cachalote, hipopótamo, vegetal), cuerno de búfalo y de ciervo, coral, maderas nobles y algunos metales. Los más apreciados por los coleccionistas son los realizados en marfil, en los que la primorosidad de las tallas de estas miniaturas logran un nivel expresivo y artístico incomparable.

Clase de Netsukes

El término Netsuke engloba a una diversidad importante de tendencias decorativas. Según el motivo o figura elegido en cada caso y las formas que los envuelven toman un nombre específico, que se podrían enumerar en una amplia lista, pero que aquí vamos a resumir en unos pocos. Por tanto, éstas son las clases de Netsukes:

- Los netsukes Katabori. Los más frecuentes y tradicionales acostumbran a representar personajes, divinidades y animales. Tienen uno o dos agujeros, que servían para sostener el Inro, y que son los más conocidos por la mayoría de los coleccionistas. Muy frecuente se encuentran Netsukes que no están agujereado a propósito, pero que sí disponen, sin embargo, en sus formas de los llamados 'natural Himotoshi', agujeros naturales, espacios que el artista ha dejado para que pueda pasar el cordón de seda. El Himotoshi era el nombre que recibía el agujero que tenía el Netsuke inicialmente.

Los Manju. Acostumbran a ser de marfil o hueso, de formas irregulares o redondos, con pequeños relieves que representan figuras, flores o animales, tallados con gran maestría. Algunos Manjus tienen uno o dos agujeros.

Los Manju Ryusa. Son muy parecidos a los Manjus descritos anteriormente. La diferencia radica en que los dibujos ornamentales están calados y presentan un relieve más acentuado.

Los Kagamibuta. Suelen ser redondos, tallados en marfil o madera dorada y en su centro se aloja, sujetado a través de un agujero central, a una placa circular de metal, con incrustaciones de oro y plata, utilizándose también otros metales para enriquecer el color. Se asemejan a los botones occidentales.

Los Shasi. Se trata de Netsukes caracterizados por ser muy alargados, teniendo el agujero o Himotoshi en un extremo. Habitualmente representan personajes o animales.

Los Mokugyo. Estos Netsukes tienen forma de gong, instrumento musical utilizado para acompañar los cantos religiosos ofrecidos a Buda. Suelen ser de madera, bambú o cuerno de ciervo. Representan peces, delfines, dragones y monstruos.

Esta tipología define de forma global a una enorme variedad de objetos representados: un sinnúmero de dioses, divinidades menores y personajes de la mitología; animales mitológicos, del zodiaco y reales; escenas y motivos florales. Todo ello hace que el coleccionismo de Netsukes sea un asunto de inmensas posibilidades pero al mismo tiempo bastante complejo y necesitado de un minucioso seguimiento y de una documentación continuada. Pues, junto a esa variedad temática y de materiales que ya hemos resaltado, existe un arco cronológico que lleva desde 1688 hasta nuestros tiempos, en una división de al menos 25 periodos distintos.

La tarea de identificación viene ayudada por el hecho de que muchos de los Netsukes aparecen firmados, mediante la caligrafía ideográfica japonesa, lo que permite la identificación del artista, según una relación de más de dos centenares de artífices conocidos, que realizaron su trabajo en más de veinte ciudades distintas. Por otra parte, los Netsukes, a pesar de ir desapareciendo su funcionalidad desde finales del siglo pasado, han continuado fabricándose hasta nuestros días, dado que Occidente empezó a hacer de ellos motivo de colección a partir de esas mismas fechas. El uso de materiales sintéticos modernos y la falsificación de piezas antiguas es un elemento que el coleccionista y el inversor deberán tener en cuenta, mediante el asesoramiento de expertos y el estudio del material, pátinas y colores adquiridos por la antigüedad del objeto.

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, los Netsukes consiguieron fama mundial tanto por su belleza como por su calidad artística. En la actualidad, los llamados Netsukes contemporáneos son, sobre todo, objetos apetecidos por los coleccionistas. Los datos y la información para este 'Dossier-Inversión' los hemos extraído del libro de Guillermo Mateu 'Netsuke'.

1 comentarios: