LA PASIÓN RUSA


Cartier muestra en Madrid las joyas realizadas a principios del siglo XX para los zares.

Nadie puede negar que Pierre Cartier marcó un antes y un después en el mundo de la joyería. Un buen ejemplo lo encontramos en Rusia, cuya corte quedó fascinada con la llegada de Cartier en 1904 al imperio. El creador era apreciado por algunas de las familias más reconocidas que ya eran clientes suyos en París, pero su llegada al imperio del zar Nicolás II desató una pasión por sus obras.

No podemos olvidar tampoco el impacto que la Gran Madre Rusia causó en el genio. Sus colores, sus técnicas y su folclore le fascinaron y le inspiraron para crear piezas como sus figuras de amatista, ágata o cuarzo rosa, o sus tiaras basadas en los tocados de los trajes típicos rusos.

Algunos ejemplos de esas obras las encontramos en la muestra que hasta el 15 de noviembre se puede ver en su tienda de Madrid (C/ Serrano 74). Cuarenta y cinco piezas que el afamado joyero realizó entre 1904 y 1913 para la corte de los zares, de la que fue nombrado proveedor oficial. Entre lo obras que se muestran encontramos la diadema Kokoshnik de platino, peras y diamantes (1908) o el reloj colgante (1909) de la cantante Nellie Melba, obras clave de la producción de Cartier para la Rusia pre-revolucionaria.


¿Cuándo?
Hasta el 15 de noviembre en la tienda Cartier de Madrid (C/ Serrano 74).

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