Reiki


Energía vital” es la traducción de la palabra japonesa reiki, que, definido de forma sencilla, es “una técnica que favorece la tendencia natural del cuerpo a sanarse mediante la transferencia de energía a través de las manos”. De esta forma lo ve Dulce Camacho, psicóloga y presidenta de Alaia (Asociación de Ayuda a Enfermos Graves y Personas en Duelo) y coordinadora de los voluntarios que, desde hace cuatro años, practican y enseñan reiki en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid. ¿Es entonces un tratamiento médico para paliar enfermedades o mitigar dolores? No, porque el reiki no cura por sí mismo, sino que ayuda al cuerpo a ‘autosanarse’.
Aunque es un método con muchos siglos de vida, hasta mediados del XIX no se popularizó. Fue gracias a un monje japonés, Mikao Usui, quien lo redescubrió en un retiro espiritual. Actualmente esta técnica se utiliza para relajar, calmar dolores, resolver problemas de insomnio..., aunque siempre con la sombra de no haber pruebas científicas sobre su efectividad. “Está en marcha un estudio sobre el impacto del reiki –explica Dulce– en los pacientes oncológicos del Ramón y Cajal”. Cristina Chao, supervisora de enfermería de Hematología y Transplante de Médula Ósea en el hospital madrileño, apunta: “Es cierto que estamos realizando un seguimiento para valorar la terapia, pero con la experiencia de estos años podemos decir que el paciente que lo recibe suele repetir siempre”.

“Me hizo más llevadera la quimioterapia"
La experiencia de las personas que en momentos determinados de su vida recurrieron al reiki es el mejor aval con el que ha contado esta técnica para salir de centros privados y asociaciones y llegar
a grandes hospitales. A Carmen le diagnosticaron un cáncer de mama en 2006. “En septiembre de ese año me operaron y después empecé con quimio y radio. Una prima me comentó que el reiki podía ayudarme y lo probé”.
Carmen comenzó a ir una vez por semana y no tardó en ver los resultados. “Al principio estaba cansada pero, con las imposiciones de manos, dejé de estarlo. No tenía vómitos después de la quimio y el dolor lo aliviaba con Primperan y sorbos de Coca-Cola. Confía plenamente en el reiki como complemento a los tratamientos médicos. “Imagino que todo influye, pero lo cierto es que acabo de ir a revisión y el médico me ha dado la enhorabuena por lo bien que estoy. Sigo yendo cada semana a las sesiones, no quiero dejarlo”. Con cada sesión me relajaba muchísimo, y lo sigo haciendo. Noto calor, es como si sintiera que la energía realmente entra en mí”.

Via. AR



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