EL ORIENTALISMO

Orientalismo se llama al estudio de las sociedades del Próximo y Lejano Oriente por los occidentales. Con el término Orientalismo se conoce igualmente la imitación o la representaciones de aspectos de las culturas orientales en el Oeste por parte de escritores, diseñadores y artistas.


El término está cambiando de significado, utilizándose cada vez más para referirse al estudio de Oriente durante el período histórico del imperialismo europeo en los siglos XVIII y XIX. A causa de esto, el término orientalismo ha adquirido connotaciones negativas en algunos aspectos, implicando interpretaciones prejuiciosas o anticuadas sobre las culturas y pueblos de Oriente. Este punto de vista fue articulado sobre todo por Edward Said en su famoso libro Orientalismo, de 1978.
Siguiendo las ideas de Michel Foucault, Said enfatizó las relaciones entre el poder y el conocimiento en la universidad y la opinión pública, en particular acerca de las visiones europeas del mundo islámico. Said afirmaba que Oriente y Occidente trabajaban como términos opuestos, siendo Oriente construido como una inversión negativa de la cultura occidental.

A través de una revisión literaria comparativa e histórica de los trabajos universitarios y literarios que trataban sobre los pueblos del Próximo Oriente, Said intentó desnudar las relaciones de poder entre colonizados y colonizadores en estos textos. Los escritos de Said han tenido muchas implicaciones en el estudio de las actitudes occidentales en India, China y todo el mundo. Fue uno de los textos fundacionales de los estudios postcoloniales. Said luego modificó y desarrolló estas ideas en su libro Cultura e Imperialismo (1993).

Se pueden encontrar representaciones de «moros» y «turcos» islámicos en el arte medieval, renacentista y barroco. Pero no fue hasta el siglo XIX cuando el Orientalismo en las artes se convirtió en un tema establecido. La campaña de Egipto (17981799), la guerra de independencia de Grecia (18211829), la guerra de Crimea (18541855) y la apertura del canal de Suez (1869) contribuyeron a aumentar el interés por un exotismo profusamente documentado[1] .

En estas obras el mito de Oriente como exótico y decadentemente corrupto está más plenamente articulado. Estas obras solían concentrarse en las culturas islámicas de oriente próximo. Artistas como Eugène Delacroix, Jean-Léon Gérôme y Alexander Roubtzoff pintaron muchas representaciones de la cultura islámica, a menudo incluyendo odaliscas, y enfatizando la laxitud y el espectáculo visual. Cuando Jean Auguste Dominique Ingres, director de la francesa Académie de peinture pintó una visión muy colorista de un baño turco, hizo que este Oriente erotizado se hiciera públicamente aceptable por su generalización difusa de las formas femeninas, que podrían haber sido todas ellas el mismo modelo. La sensualidad se veía aceptable en el exótico Oriente. Este estilo tuvo su momento álgido en las Exposiciones universales de París de 1855 y 1867.
En España Marià Fortuny (1838-1874) viajó a Marruecos, y el pintoresquismo árabe es importante en su obra. Temas marroquíes fueron igualmente tratados por Josep Tapiró (18361913) y Antonio Fabrés (18541938)[1] .

Esta imaginería oriental persistió en el arte hasta principios del siglo XX, como evidencian los desnudos orientalistas de Matisse. En estas obras, el «Oriente» a menudo funciona como un espejo de la propia cultura occidental, o como una forma de expresar sus aspectos ocultos o ilícitos. En la novela de Gustave Flaubert Salammbô la antigua Cartago, en el Norte de África, se una como un opuesto a la antigua Roma. Su cultura se representa como corruptora moralmente e imbuida de un erotismo peligrosamente atractivo. Esta novela fue muy influyente en retratos posteriores de las antiguas culturas semíticas.

El uso de Oriente como un telón exótico continuó en las películas, por ejemplo en muchas de Rodolfo Valentino. Más tarde árabes ricos con togas se convirtieron en un tema popular, especialmente durante la crisis del petróleo de los años 1970. En los años 1990, el terrorista árabe se convirtió en la figura de villano preferida de las películas occidentales.


Alexander Roubtzoff




Jean-Léon Gérôme




Eugène Delacroix







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