EL RUMOR DEL OLEAJE


También la naturaleza les sonreía. Cuando llegaron al último escalón, se volvieron y contemplaron la bahía de Ise. El cielo nocturno estaba lleno de estrellas y sólo unas nubes bajas se extendían por el horizonte en dirección a la península de Chita, iluminadas de vez en cuando por, silenciosos relámpagos que surcaban el cielo.

Tampoco el rumor del oleaje era intenso, sino regular y apacible,como si el mar respirase sumido en un sueño saludable.
Atravesaron el pinar y se detuvieron en el modesto santuario para orar. El muchacho se sintió orgulloso del fuerte y claro sonido que produjo al dar la palmada ritual.

El sonido se expandió a una distancia considerable,y le gustó tanto que dio otra palmada.
Hatsue había inclinado la cabeza y rezaba. En contraste con el fondo blanco del cuello del yukata, su cuello bronceado no poseía una blancura especial, y sin embargo a Shinji le gustaba más de lo que podría gustarle el más blanco de los cuellos.

El muchacho reflexionó de nuevo sobre su felicidad. Realmente los dioses le habían concedido todo aquello por lo que había rezado. Ambos oraron durante largo rato. Y precisamente porque nunca se les había ocurrido dudar de la providencia.

Yukio Mishima.

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