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LA RANA QUE QUERIA SER RANA AUTÉNTICA


"Había una vez una rana que quería ser una Rana auténtica, y todos los días se esforzaba en ello.

Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad. Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl.

Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una Rana auténtica.

Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían.

Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una Rana auténtica, se dejaba arrancar las ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena rana, que parecía pollo."

Augusto Monterroso

HISTORIA DE UN DOMADOR DE CABALLOS

Autor: Guillaume Coustou
Música: Cavalleria Rusticana, intermezzo Sinfonico


"...En las estepas húngaras, donde el horizonte es igual en las cuatro direcciones, y los vientos hululan durante la noche como si fueran demonios, había un famoso domador de caballos.

El domador era conocido por su rigor, pero también porque de vez en cuando soltaba alguno de ellos y lo dejaba en libertad.

Un aprendiz vio que algunos de estos caballos eran vigorosos y con cualidades, así que intrigado le preguntó al domador, el motivo de soltar tan bellos animales.

-Mira hijo, estos caballos son una raza que durante tiempo han sido criados y nacen en los corrales, pero sus ancestros eran salvajes, vivían libres en pequeños grupos, viajaban en toda dirección y no eran de ningún lugar. Cada uno de ellos es único, ninguno es igual.

Están los mansos, esos no son caballos hijo, llevan tanto tiempo domesticados que solo sirven para criar o arar los campos. Luego están los caballos que sin ser mansos son dóciles y muy inteligentes, son fáciles de guiar pues aprenden rápido, y con una simple orden obedecen.

Una vez aprendido responden a los movimientos del jinete con soltura, y si alguna vez se desvían del camino solo con ver la sombra de la fusta será suficiente.

Hay caballos que se resisten a que les guíes, tardan más o menos tiempo pero aprenden a confiar y a obedecer al jinete. Tienen su carácter y puede que puntualmente requieran un toque de voz para situarlo en el camino, pero eso no daña al caballo.

Hay caballos que son rebeldes, y aunque les castigues no obedecen. Nunca aceptan que otro les guié, o monte sobre ellos, son salvajes. Domar a estos caballos supone una lucha en la que fácilmente puede acabar con la montura o el jinete herido. Tal tarea es un despilfarro de energía, y aun cuando domesticaras a dicho caballo quedaría marcado, ya no sería un caballo. Por eso a veces libero alguno de estos caballos, y los dejo recorrer las estepas en libertad.-
¿Por qué es así? -Hijo, la vida es un misterio, esta cabeza no lo sabe todo.
A veces en sueños uno de ellos viene a visitarme, y viajamos lejos a un mundo donde ya nadie enseña a nadie y cada cual hace su parte.- ..."